JudexEditorial › Hollywood o Silicon Valley
Editorial

Hollywood o Silicon Valley

Se comentaba estos días en la red, a raíz de la aprobación de la polémica ley SOPA, que el Congreso de los Estados Unidos se veía en el difícil brete de escoger entre Hollywood o Silicon Valley. Al final y a juzgar por el asalto del FBI a Megaupload, el conocido portal de intercambio de archivos, parece que la industria cinematográfica ha ganado la primera batalla. Sin embargo, la industria y la distribución tradicional de productos culturales, basadas en conceptos como las cesiones en cadena de los derechos de autor y la distribución vertical de contenidos se enfrentan a algo mucho más serio y contra lo que poco servirán las redadas policiales: un cambio de cultura, una profunda transformación en el mercado propiciada por un cambio tecnológico equiparable (casi) a la invención de la escritura o al de la imprenta. Contra este nuevo paradigma de poco sirven las leyes… a no ser que ordenen desconectar Internet y devolvernos a los años 80.

La actual estructura de creación y distribución de contenidos tiene en realidad muy pocos años, unos 200 y nació de la industria editorial y su afán por explotar los derechos cedidos por los escritores para la venta de sus libros. Hasta los años 90 el modelo era claro y transparente: la cultura se podía vender sin problemas porque tomaba la forma concreta de algo tangible y físico (un libro, un DVD, un vinilo) que podía venderse y copiarse e incluso prestarse (ya que los objetos físicos se gastaban y las copias tenían una calidad muy inferior a la original). El autor, además, necesitaba de una larga cadena de intermediarios para hacer llegar su obra al público (desde el productor hasta el distribuidor o la sala de cine), lo que permitía una cadena clara de distribución y cesión de derechos que lucraba a muchísima gente. El beneficio venía de la posesión en exclusiva de un producto cultural y del control que se hacía sobre su distribución.

Sin embargo, la misma tecnología que hace posible la web está en profunda contradicción con este principio de exclusividad y control vertical. La arquitectura de Internet es múltiple, horizontal, basada en enlaces y su funcionamiento se basa en la copia (enviar un mail o visualizar un contenido ya generan una copia de éste, perfectamente igual a su original). En un entorno así, de alcance mundial y con millones de usuarios, controlar la distribución de un producto es poco menos que imposible. Lo que no quiere decir que no pueda hacerse negocio con ello.

Lo han demostrado ideas como Netflix, Amazon o iTunes, plataformas que ofrecen servicios de provisión de contenidos culturales en lugar de productos (hemos quedado que los productos son tangibles, los servicios, sin embargo, pueden ser virtuales). En estas plataformas pueden verse películas o leer libros con calidad, de forma sencilla y al instante… y a buenos precios, ya que Internet anula las largas cadenas de valor y los intermediarios. Lo ha demostrado también, aunque sin pagar derechos, Megaupload, un portal que básicamente, ofrecía un servicio a sus usuarios y que se lucraba de la publicidad y las cuentas Premium. En este sentido el arresto de sus creadores tiene más que ver con la preservación de la libre competencia que con otra cosa; Hollywood no tolera que nadie les pise el negocio si bien el modelo, con salvedades, es idéntico al que quiere imponer la industria, y ha demostrado con creces ser rentable. Aunque hubiera sido más fácil, y más amable, que hubieran negociado con el dueño de la empresa en lugar de tratarle como a un terrorista. Volviendo al inicio, Hollywood y Sillicon Valley están condenados a entenderse. Si quieren dar algún tipo de respuesta a la gran ola de creatividad underground que se les viene encima.

Porque la web no se utiliza solamente para compartir gratuitamente creaciones ajenas, hay quien la usa para dar a conocer su propia obra, poner en contacto a creadores de diversos ámbitos o quien ha visto en ella un filón para financiar obras nacidas al margen de los grandes negocios, pero ésta es otra historia y hablaremos de ello en otra ocasión.

En este número de Judex, el 66, hemos prestado especial atención a México y a sus símbolos cinematográficos más populares, el Santo y la Llorona, también os ofrecemos una entrevista con el director Bryan Singer y otra con Kote Camacho, director del genial cortometraje La gran carrera, además, podréis encontrar estudios como el dedicado a House of Dark Shadows o Jack the Ripper y, calro está, los estrenos. Disfrutadlo.



FREEK!


Recursos
 

Contacto | Barcelona, 2011