Gente descolorida en mi salón

Luis Rueda | Recientemente leíamos una noticia en el diario 'El Pais' que nos advertía sobre la agonía de las salas de cine, no dejaba de ser una extraña coincidencia que el artículo recogiera una exposición de fotografías de Paco Garrido sobre cines en total decadencia, abandonados, que la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España presentará y apadrinará del 14 de septiembre al 23 de octubre. La mentalidad de ONG de algunos estamentos de poder (poder de influencia y de acción) de este país me tienen perplejo, le entran a uno ganas de hacerse okupa, encerrarse en la angosta sala de proyección y comerse ocho rollos de película que problamente irán a la basura o algunas manos basuriles. Ya hace unos cuantos veranos que desde esta humilde editorial advertíamos de la muerte en cadena de estos templos del ocio y, antaño, de un glamour necesario. Al hilo de este tema, cabe hablar de la nueva apuesta de la industria por el 3-D desde un punto de vista puntilloso, ¿o deberíamos decir puñetero?
Más de una persona me ha dicho que el 3-D está perjudicando el visionado de las cintas, me argumentan que están descoloridas y que tanto ‘holograma’ superpuesto crispa, agota al espectador. El otro día un colega me dijo que tuvo que volver a ver Los mundos de Coraline porque acababa de asistir a la un puzzle agresivo, casi un libro en relieve que nada más abre su primera página te hinca la torre de un castillo de papel en el ojo. Todas estas reflexiones me hicieron pensar en ese proyecto, muy cercano, de la posibilidad de disfrutar de esta tecnología reciclada y mejorada en el salón de casa y la metafísica me pudo.
Antes nos asomábamos a un cajón para entrar a un mundo nuevo y sus reglas se circunscribían a unas proporciones ciertamente equilibradas, ahora en tiempos de soledad e incomunicación la ficción va invadir nuestros salones convirtiendo nuestra decoración Ikea en un nuevo territorio abonado a fantasmas pálidos, descoloridos. Almas en pena que manejarán sus nunchakos a un centímetro del boquerón en vinagre que penetra en nuestra boca. Ya ven, fantasmas en salones de pisitos a plena luz del día –muy japonés-, fantasmas en viejos cines que se caen a pedazos en nuestros barrios… El cine, más que nunca se ha convertido en una materia fantasmal, gótica, decadente y paranormal como una platea en la que los espectadores son las ratas. A veces veo a gente palida paseando por el cine de mi barrio (‘El Pisa’ de Cornellà de Llobregat), el lugar tiene los días contados y se va a derrocar de un momento a otro. Los domingos por la tarde, en la penunbra, soy como el Robert Neville interpretado por Vincent Price. Mi voluntad es entrar en la ficción, creo que no estoy preparado para cohabitar con súcubos catódicos, al menos hasta que no sean realmente corpóreos…
Les invitamos a echar un vistazo a nuestro Sumario, créanme, hemos preparado este número 53 con sumo cariño. A resaltar una muy interesante entrevista con el realizador Óscar Aibar, estrenos, estudios, noticias, alguna sorpresa y, como siempre, nuestro 'Villano del día', este perruno mundo los merece más que nunca…
