Tras casi dos décadas de espera Harrison Ford vuelve a cubrirse de polvo y a endosarse su atuendo de arqueólogo; látigo, sombrero de ala ancha, cazadora de cuero… Los años han hecho desaparecer su revolver en el muslo y le han convertido en un maduro (super)héroe que puede mirarse en el espejo y reconocerse en otro icono de la sátira y lo expeditivo como el sensacional John McLane (B. Willis) recuperado para 'La Jungla 4.0' ('Live Free or Hard Die', 2007 ) de Len Wiseman. Las películas de acción de la década de 1980 -y sus solventes puestas al día- tienen un componente emocional irresistible: concretamente en el caso del cine de aventuras, nada más clásico, folletinesco y sabroso que cualquiera de las entregas de una saga (la de Indy) que sigue guardando su quintaesencia en el portentoso talento de Steven Spielberg. El espectador dejó atrás hace tiempo los prejuicios y sabe diferenciar un jarrón chino de un paragüeros de latón. Byron Haskins o Nathan Juran, crearon joyas exquisitas pero olvidaron la marca, el sello de identidad, la magia de Spielberg es la de hacer parecer un bazar chino una galería de arte. El cine de entretenimiento que no desluce el carto(o)n-piedra, la coreografía epatante, la incongruencia historicista y el guiño ácido luce mejor ataviado de colores saturados y aire retro. El rótulo del negocio, por cierto, lo pone George Lucas, el socio listo.