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El arte de la melancolía

¿Qué ocurriría si se reformulara el barroco paisaje de 'Pesadilla antes de Navidad' (1993), estilizándolo, minimizándolo hasta reducirlo al máximo común denominador del ideário gótico? Pues que de resultas tendríamos un filme de lo más parecido a ´La novia cadáver´. Ese es el principal logro del nuevo filme de Tim Burton, la vuelta a las esencias tras el subidón emocional de 'Big Fish' y el bajón químico que supuso 'Charlie y la fábrica de Chocolate'.

Luis Rueda | La novia cádaver es desde hoy una nueva obra maestra de la animación, un filme que resucita los colores desvahídos y las turgentes sombras chinescas de los pretéritos trabajos stop motion de los realizadores checos Karel Zeman, Hermína Tyrlová y Jiri Trnka. Al igual que estos maestros europeos de la animación fotograma a fotograma (o de pioneros norteamericanos como George Pal), el director de Batman ha conseguido convertir la animación cinematográfica de marionetas casi en un arte de la melancolía.

La novia cadáver, de igual modo que Pesadilla antes de Navidad bascula su discurso entre el mundo de los vivos y el de los muertos, pero a diferencia de esta extiende sus tentáculos hacia un ideario más reconocible para el aficionado al terror cinematográfico de calado clásico, La novia cadáver es el Jacques Tourneur de La comedia de los horrores y es La caída de la casa Usher de Roger Corman, es todo ello y es La novia de Frankenstein de James Whale, y todo sin dejar de ser un Tim Burton esencial y personalísimo. El director de Burbank (Los Angeles) muestra en su filme un mundo de los vivos gris y melancólico situado en una ciudad europea de mediados del siglo XIX, que a su vez contrasta con el abanico cromático y el cálido hálito pop que propone para su retrato del mundo de los muertos. En la necrópolis imaginada por Burton, casi un parque temático inspirado en el relato satírico Ciudad Vampiro de Paul Fèval, corre el alcohol y los muertos ofrecen unos picantes y sardónicos números musicales inspirados en el swing. Esa dicotomía escénica y sus variaciones cromáticas pueden contarse entre lo mejor del filme.

La novia cadáver recupera en buena medida el buen pulso dramático de Eduardo Manostijeras, filme del que extrae una de las principales ideas de su carrera cinematográfica, la de la divinificación del monstruo, del diferente, en contraste con un entorno social rígido cuando no inquisidor. Bajo su sustrato de comedia ligera no es difícil adivinar que esos flecos intermitentes de melodrama romántico (y me refiero al desasogante espítritu del romanticismo europeo) tarde o temprano precipitarán hacia un desenlace triste y hermoso.

La novia cadáver recupera en buena medida el buen pulso dramático de Eduardo Manostijeras, filme del que extrae una de las principales ideas de su carrera cinematográfica, la de la divinificación del monstruo, del diferente, en contraste con un entorno social rígido cuando no inquisidor.

Por el filme, lleno de gags impagables e implacables, pulula un villano de inspiración cartooniana, un gusano burlón con el rostro y la dicción de Peter Lorre, antihéroes frágiles, fanáticos religiosos y monstruos como esa novia a la que alguien dejó muerta, compuesta y sin marido. A todos ellos prestan voz y maneras actores de la talla de Johny Deep, Helena Bonham-Carter, Christopher Lee, Emily Watson o Albert Finney, por ello, más que nunca, se hace imprescindible el visionado en versión original, porque detrás de cada mímica del antihéroe Víctor se halla la actuación gestual y la voz de Jonnhy Depp, y claro está, porque de igual manera no luciría el extraordinario trabajo del compositor Danny Elfman y su (una vez más) extraordinaria partitura original.

Burton, que ha encontrado la complicidad de Mike Johnson para dirigir el filme, ha delegado parte de los esbozos de los personajes a la pluma del catalán Jordi Grangel y el resultado es francamente inigualable. Quizás de la implicación en la dirección por parte de Burton (que recordemos que en Pesadilla antes de Navidad y en James y el melocotón gigante delegó las funciones de realizador a Henry Selick) se desprenda que su escenografía sea mucho más sobria y, donde antaño había un torreón gaudiniano, cuando no abiertamente caligariano, ahora se erija una imponente iglesia gótica, austera y sombría o un vetusto caserón decimonónico. Esos cambios en la concepción del área de dirección artística permiten que nos fijemos con más ahinco en sus personajes, más desnudos, más esenciales y menos ostigados por un paisaje surreal. Éste era, sin duda, el caso de Pesadilla antes de Navidad, filme cuyos parámetros estéticos pasaban por convertir la paisajística infernal de El jardín de las delicias de El Bosco en una versión pseudopunk de la sección de muñecos de Toys´r´Us: idea soberbia, no se me malinterprete. En todo caso estamos ante un filme que otorga una mayor gestualidad (humanidad diría yo) a sus protagonistas y que resta protagonismo a la coreografía musical para concentrarse con mayor esmero en dar entidad a sus personajes.

Es, en fin, La novia cadáver un festín para los sentidos, una delicada pieza de autor que homenajea sin rubor al maestro de los efectos especiales Ray Harryhausen y que recupera ampliamente el gran muestrario de cine fantástico con el que ha crecido el director de Ed Wood. Esta nueva maravilla del cine de animación concentra la misma pasión por el género que la delicada horror piece Sleepy Hollow y, al igual que el filme sobre el jinete sin cabeza, no hace ascos a planteamientos propios del género como el gusto por universos decadentes propios de filmes como La tumba de Ligeia de Roger Corman (con la que La novia cadáver comparte idéntico gusto por la necrofília). Pese a todo, no debemos obviar que el principal talento de Burton consiste en pasar de puntillas sobre ciertas visceralidades propias del género y convertirlas en maquinarias festivas al alcance de todos los públicos, esa es su gran virtud en de La novia cadáver como en su día lo fue en Pesadilla antes de Navidad.

Esta nueva maravilla del cine de animación concentra la misma pasión por el género que la delicada horror piece Sleepy Hollow y, al igual que el filme sobre el jinete sin cabeza, no hace ascos a planteamientos propios del género como el gusto por universos decadentes propios de filmes como La tumba de Ligeia de Roger Corman.

En su último recorrido por el folclore de la muerte, Burton nos lleva desde los cuentos populares rusos hasta el México de las calaveras de azúcar y en ese periplo es capaz de regalarnos momentos tan acertados como ese número musical en el que un grupo de esqueletos revisitan la mítica secuencia etílica del clásico de Disney, Dumbo. Pero además, y dejando a un lado el espíritu fou del filme, La novia cadáver recupera un plus de sensibilidad que permite que la emoción desborde la pantalla y que, de su imposible historia de amor entre vivos y muertos, renazca una melancolía esencial similar a la que en su día nos proporcionó Eduardo Manostijeras. Al igual que el caligariano Edward moldeaba esculturas de hielo con sus manos afiladas, Tim Burton moldea nuestras pesadillas, una vez más, consciente de que el camino más corto hacia el arte de la melancolía se halla en el la exaltación del desarraigo.



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Ficha técnica

  • La novia cadáver
  • (Tim Burton's Corpse Bride, 2005)
  • Dirección: Tim Burton
  • Nacionalidad: Estados Unidos
  • Duración: 76 min.
  • Estreno en España: 28 Octubre 2005

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